19/11/2008

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LA VITAMINA SOLAR

Extractado del artículo de Luz E. Tavera-Mendoza y John H. White, publicado en el nº 376 de la revista INVESTIGACIÓN Y CIENCIA (edición española de SCIENTIFIC AMERICAN)

 

La carencia vitamínica que sufre una parte extensa de la población contribuye a la propagación de enfermedades graves. Una baja exposición a la radiación solar puede motivar dicha carencia por lo que se debe considerar la recomendación de tomar el sol con moderación.

 

La importancia de la Vitamina D (Vitamina Solar) ha sido bien conocida a lo largo de la historia del hombre, descubrimientos tales como que los “baños de sol” eran el único remedio conocido contra la tuberculosis a principios del siglo XX, o el descubrimiento del polaco Jedrzej Sniadecki (1822) que observó que muchachos enfermos de raquitismo se curaban con simples baños de sol, o el hallazgo en 1824 de unos científicos alemanes que comprobaron los resultados excelentes que tenía el aceite de hígado de bacalao (rico en vitamina D) contra el raquitismo ....

Pero recientemente, el enfoque sobre el estudio de la vitamina D ha variado, ya no solo se estudia la importancia que tiene esta vitamina en el proceso de osificación sino que se ha descubierto que es un importante anticancerígeno y un perfecto regulador del sistema inmunitario. A esto se suma la investigación epidemiológica, que demuestra una estrecha relación entre concentraciones bajas de vitamina D y la aparición de enfermedades.

Obtenemos esta vitamina a través de la piel cuando nos exponemos a los rayos solares y también a través de los alimentos. Sin embargo, una gran parte de la población sufre carencia de vitamina D, lo que pone en riesgo su salud, así en las regiones templadas donde la radiación solar es insuficiente es imprescindible una dieta rica en vitamina D.

Por otro lado, en los últimos decenios se han identificado numerosos genes controlados por esta vitamina que participan en diversos mecanismos de defensa celular.

Gracias a la investigación epidemiológica se ha demostrado la fuerte relación inversa entre la exposición a la luz solar y la incidencia de determinados tipos de cáncer. Así como muestra, un análogo sintético de la vitamina D, el compuesto EB1089 redujo hasta en un 80% el crecimiento de tumores en un modelo múrido del cáncer oral, también se han obtenido resultados similares con modelos animales del cáncer de mama y de próstata.

Estudios recientes han llevado a los científicos a pensar que algunas propiedades protectoras de esta vitamina habrían evolucionado a partir de sus funciones en la piel que es nuestra mayor fuente de vitamina D. Así, la actividad anticancerígena de la vitamina D cobra sentido si tenemos en cuenta que el exceso de luz UVB altera el ADN de las células dérmicas, provocando que éstas tengan mayor probabilidad de convertirse en cancerosas.

A todo esto hay que añadir que varios estudios indican que la vitamina D tiene propiedades antiinflamatorias, que repercuten en la interacción entre distintas células del sistema inmunitario, las cuales para comunicarse entre sí secretan citoquinas. Teniendo en cuenta que en función de las citoquinas secretadas se produce una respuesta inmunitaria diferente, es fácil observar la importancia de la vitamina D que regula el tipo de citoquinas producidas, inhibiendo así la respuesta inflamatoria.

Este último descubrimiento de ese efecto antiinflamatorio sugiere un abanico de posibilidades terapéuticas de esta vitamina, aplicables en la lucha contra la diabetes infantil, la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide, la inflamación crónica del intestino y otras enfermedades autoinmunitarias causadas por una respuesta inflamatoria excesiva.

Los datos epideomológicos han demostrado la estrecha relación entre la deficiencia de la vitamina D y la aparición de cánceres, alteraciones inmunitarias y enfermedades infecciosas como la gripe. La carencia de esta vitamina explicaría también el impacto de los cambios estacionales en la evolución de ciertas enfermedades. Así mismo, han demostrado que muchas de estas propiedades fisiológicas de la vitamina D sólo se manifiestan cuando su concentración sérica es superior a la media de la población, lo que nos lleva a la conclusión de que gran parte de la población que habita en las regiones templadas del planeta, sobre todo en invierno, carece de los niveles de vitamina D que serían aconsejables para disponer de un estado saludable.

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